jueves, 23 de febrero de 2012

Mi ideal



Mejor cierro los ojos, hoy quiero sentirte.

¿Me quitas la ropa? Desvísteme. Las pieles desnudas, porque de otro modo no se podría. No podrían juntarse.

Si deslizo las yemas de mis dedos en ti

cerquísima pero s i n t o c a r t e .

Es que hoy sólo quiero que juntemos los electrones de nuestros átomos. Déjalos que conversen, como dos imanes que se acercan por el mismo polo. ¿Sientes la fuerza? No es más que un campo magnético. Se reconocen, hablan el mismo idioma. Son opuestos, pero están hechos exactamente de lo mismo. Debes acercarlos lo suficiente para que se repelan.

No me toques. Y la verdad es que nunca lo haces.

Hoy vamos a relajar los poros, como con un baño de vapor intenso. Así dejar que fluya la esencia a través del éter.

{Hoy supongamos que existe el éter}

Hoy vamos a recordar que no somos más que espacio vacío.


Mírame: soy la ilusión óptica de mi cuerpo junto al tuyo. Simple. Dos efectos visuales, dos conceptos. Dos sacos de pura esencia. Como cuando colocas el Mandala en la figura del equilibrio, así estamos.

o - o - o

Lo importante es que yo sepa que eres tú, que estás ahí. Aquí. En mí. Tú. Yo.

Y es que nadie sabe hasta qué punto puede uno acercarse.

Esto es serio: sospecho que tendremos que dejar de lado el cuerpo. Como Powder: energía pura.

Are you ready?



Comunicación


Los humanos no siempre nos hemos comunicado de la misma manera.

Al principio fueron gestos y señas. Gritos y sonidos guturales.

De una forma u otra, apareció el conocimiento: ese monolito negro en lo que fue el amanecer del hombre según Kubrick.

Luego la palabra escrita. Los conceptos. De ahí la diferenciación con el resto de animales. Y claro, la domesticación. Así también la especialización. Los libros. El ocultismo. La Iglesia. La música. Las lenguas.

Ayer y hoy las guerras. Las muertes. Los atentados. Tanta locura gringa. Industrias y engaños masivos. Drogas y poemas.


Me pregunto si hoy por hoy el proceso de la comunicación sigue una trayectoria ascendente... O si acaso ya estancó. Quizá hasta va en retroceso.

¿Creemos en el progreso? ¿Existe un "creemos"?

¿Existo o es sólo una palabra?

Cambio de paradigma, ¿ya vienes?

viernes, 2 de setiembre de 2011

Lalala, el amante








Por primera vez vi el amor en tus ojos. Y no era para mí.








Tus movimientos ahora son intencionados, cada paso que das tiene un motivo y también cuando giras la cabeza a mirar a lo lejos lo haces con un propósito. Tus ojos la buscan en la multitud y sientes que podrías reconocer su silueta, sus cabellos desordenados y su menudez en donde sea. Puedo leer en tu cuerpo el compromiso; ahora me parece como si permanecieras vencido, atado a esas pesadas cadenas que son tus propios sentimientos.








Me partió el alma, pero la verdad es que te le acercaste con cariño. Extendiste la palma hacia su espalda. Ella ni siquiera se dignó a cerrar los ojos para sentir tus dedos curtidos por las cuerdas de la guitarra, tus nudillos firmes haciendo recorrer tu mano por sus homóplatos. Tampoco te miró con devoción cuando estabas en el escenario y hasta se atrevió a salir a fumar cuando le dedicaste la canción acústica.








La besaste en la frente, ¡maldita sea! La besaste en la frente y luego en la boca. En un gesto de cariño, de protección, de eterna ternura, de respeto, de redención... La besaste en la frente y en la boca. Y siempre la envidiaré por eso. Porque a mí nunca me besaste en la frente, ni estiraste tu mano hasta encontrar mis huesos de la espalda. Ni tuviste ganas de cuidarme, ni de respetarme. Y creo que es por esa indiferencia que antes tenías que hasta el día de hoy me duele.








A mí solamente me miras. Las lagunas negras que coronan el eje de tus ojos se clavan en las mías, sé que te gusta la forma almendrada de mi mirada. Si hacemos contacto visual nos entendemos, recordamos que siempre nos hemos amado, nos revolcamos brevemente en la calidez de saber que no estamos solos, que somos dos. Sólo necesito que nos miremos para darme cuenta, para que te des cuenta de lo obvio. Porque es obvio que nuestros túneles fluyen a la misma altura, en la misma dimensión. Y eso no lo había descubierto con nadie, no así, ¡bah!








¿Por qué lo echaste a perder?








Nuestro amor ya sólo vive a través de nuestras visiones que se cruzan, solamente ahí nos encontramos. ¿Será por eso que evitas tanto mi mirada? Si a mí me gusta que te claves en mí, que enganches tu vida en la mía, que nos fusionemos por un instante... Aunque nos separen varios metros, varios años, varias circunstancias.








Yo sé que aún sientes algo y lo tapas con un dedo. Quizá tengas miedo, o tal vez sabes que ya estoy lejos de tu alcance. Igual siempre será cierto que yo nunca me había enamorado como me pasó contigo.








Aunque me de vergüenza, tengo que admitirlo: nunca sentí como sentí contigo.





domingo, 20 de junio de 2010

Sintítulo


Cuando estás ausente, tu figura se dilata hasta el punto de llenar el universo. Pasas al estado fluido, que es el de los fantasmas. Cuando estás presente, tu figura se condensa; alcanzas las concentraciones de los metales más pesados, del iridio, del mercurio. Muero de ese peso, cuando me cae en el corazón.


Fuegos, Marguerite Yourcenar.

miércoles, 2 de junio de 2010

Escrito en Braille sobre mi piel




Mientras me ducho con la luz apagada estoy tranquila. Tanteando como un ciego, se me cae la botella de shampoo y me golpeo varias veces con la puerta de vidrio.




No importa, porque también aparece el placer de no ver mis brazos, ni mis pechos, ni mis piernas, ni mi ombligo. Escondida en la oscuridad voy respirando, pensando, me encuentro y recuerdo.




Seco mi pelo con la secadora, para ser más linda y me cago en Sartre, aunque lo viva a cada segundo.




Y así van llegando los mensajes, a montones, que no son más que señales de que las personas nos hemos vuelto muy tontas últimamente. Porque obviamos el tema, no lo hablamos, lo das por superado y eso me consume.




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Me doy cuenta que de nada me sirve siempre saber qué hacer,




ni controlar a la perfección los impulsos,




ni maquinarlo todo con precisión milimétrica,




ni ser la mami y llevar dulcecitos y munchkins,




ni repartir consejos salvadores,




o dar el soporte que todos buscan.




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Si en realidad nadie me conoce, aunque al revés sea completamente lo opuesto.




Si nadie quiere hacerlo y no me duele.




Si nadie se da cuenta de eso.




Y nadie lo duda, porque siempre estoy ahí.




Y a nadie le importa, ni a mí. Estar sola es lo mejor que tengo.




Y nadie me lee.








Sólo tú.






lunes, 31 de mayo de 2010

Soñé contigo...









... Y fue horrible.




Manejábamos por la carretera a toda velocidad, rumbo a la playa. Yo al volante (por obvias razones) y tú de copiloto, con la ventana baja y con el pelo dándote vueltas por el aire.




Querías parar a comprar algo de comer y unas chelas, así que eso hicimos.




Estábamos idas, locas, perdidas en la inmensidad de la existencia: sabíamos que en un par de horas llegaría el final. Compramos cualquier huevada, como quien intenta desesperadamente adherirse a esas pequeñas cosas de lo que era la vida antes del conocimiento: una caja de pepinos, queso blanco y amarillo, alfajores y un six pack de Quara's (la huevada con más lógica de todas). Yo igual sabía que no iba a poder tragar. Tú todavía tenías planes de parar en el carrito de la anticuchera en la entrada a la playa.




Una vez en la casa, sintiéndonos estúpidas e insignificantes, me entró el remordimiento:




- A., debería estar en mi casa con mis padres. No acá contigo.




Y tú creíste que era cierto, A., yo tenía razón. ¿Qué hace ese par de locas solas y en la playa en pleno fin del mundo?




Pero cuando quise dar media vuelta y regresar, ya era muy tarde, porque ahí venía la ola.




Inmensa. Galopante. Burbujeante. Arrastrando cochinada. Próximamente: nosotras como cochinada.




Lo más curioso de todo el sueño fue que la ola no venía del mar, venía de los cerros. A nuestras espaldas quedaba el Pacífico, algo agitado pero nunca como lo que estaba a punto de alcanzarnos. De entre los montes de arena, aparecía un tsunami gigante.




Nos agarramos a unas piedras y nos miramos. Mi corazón estallaba y yo, que te conozco tanto, pude ver - reflejados en tu cara - la infinidad de inconclusos que surcaban tu mente. Esas cuestiones que nunca te quisiste plantear, A., el sentido o no de la vida, el amor, el porqué, tanta mariconada que siempre traté de compartir contigo.




Tenías miedo, aunque no lo hablaste, pero ya era muy tarde para abrazarte.




Nos dijimos un te quiero, tapamos nuestras narices haciendo presión con los dedos y cerramos los ojos.




Menuda forma de terminar, ¿no?




Que no nos agarre desprevenidas.

domingo, 11 de octubre de 2009

Yo creo...



Yo creo en un Dios no idealizado.



No creo en el Dios al que le rezamos mirando al cielo,



ni por el cual nos persignamos o flagelamos,



ni al que le tememos y siempre debemos algo,



ese que está en las Iglesias, Mezquitas o Sinagogas,



cuyo favor debemos ganarnos con sacrificios y buenas acciones.



No creo en el Dios que puede dibujarse o materializarse, ese de las estampitas.







Yo creo que Dios soy yo,


eres tú,


es lo que siento en este momento,


la conversación que tuve ayer,


todos juntos en el parque,


la piel de gallina cuando mi mami escucha la canción que le enternece,


el ruido de los autos por mi ventana,


la comida, los tatuajes y hoy en día los televisores,


el tintineo del reloj que desenchufaron y enchufaron




y las pasiones de los amantes.




Así de amplio.


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Dios como la Unidad, el Todo, lo opuesto a la nada.


Suerte al que lo entienda.



(creo)