domingo, 10 de febrero de 2008

Todo tiempo pasado fue mejor



Me pico, sí.


Es que qué tal raza, pues. ¿Por qué ya nadie se peina de peluquería con el único motivo de salir a la calle o ir a trabajar? Antes qué iba a ser, ¡ni hablar! Nada de caritaslavadas y sin maquillaje, nada de barrigas sueltas o des-fajadas, nada de que "es mucho más cómodo...", nada de zapatos chatos, nada de jeans.


Y si no que lo diga Meche, la milenaria estilista de mi abuelita. Hay que ir y sentarse en su patio, al fondo de su casa miraflorina -comprada antes, con el fruto de su trabajo, cuando todo era distinto-, y dejar que arme un moño en cuestión de minutos. Qué habilidad, Dios bendito. Con razón antes las señoritas hacían fila y tomaban turnos que comenzaban de madrugada sólo para atenderse con ella. Qué maestra.


Salí bien peinada y ni me cobró, porque hasta me hubiera pagado, la pobre Meche, por darle el gusto de volver a armar un moño con cabellos que llegan hasta la cintura y no con esos mechones locos y disparejones -recién saliditos de meter el dedo al enchufe- que tanto usan ahora las tías modernas. Es una pena, tiene razón, sobre todo cuando me miro en el espejo retrovisor del carro. El moño está lindo y a mí me queda bien lo retro.


[Seguro me hubiese visto genial en falda o trajecito, blusita, vestidito, portaligas y medias con línea vertical en la parte trasera de la pierna, carterita y zapatos aguja a juego. ¡Y ay del que diga que eso NO es sexy! Manejando alguna station wagon de la época, esas con acabados y franjas laterales en madera, bien espaciosa y súper familiar, comprada por un flameante y bienaventurado esposo-con-harto-gel-en-el-pelo (tipo el Ken de la Barbie).]


A mí me gusta, me encanta cómo me queda: me veo importante y estilizada. Tengo tres litros de laca verde (fórmula legendaria) inmovilizando un batido de aquellos y alrededor de cincuenta ganchitos de esos negritos distruibuidos por toda la cabeza. Y con el vestido que me voy a poner para la noche seguro se ve mejor.


Me siento despejada, gracias al cabello recogido, y sonrío más de la cuenta. Manejar es hermoso y doy pase a toditos los peatones. Pero ahí llega de cruda la realidad y me toca el cláxon, porque basta verle la cara a la taradasa que no deja de mirarme desde el carro del costado (esa que tiene su laceado japonés bien chuto, grasiento, como adherido al cuero cabelludo), para darme cuenta de que lo que llevo en la cabeza NO es la moda.


NO es la moda y NO es cool tener un moño que se usaba en los 60's. Así como NO es de gente actual e indiferente pasársela de romántica empedernida añorando tiempos que difícilmente volverán. Así como NO está correctamente visto el sentirse bien porque el viejito de la esquina y el portero me sonrieron como tratando de decirme que a ellos sí les gustó el peinado.


Así como NO es chévere decir maldito (y decir chévere sí es).


Será que yo soy de otra época.


Luego me detengo a observar mis jeans pitillo, mis zapatillas Converse, mis rulos un poco alborotados y comodísimos, mi cara sin una gota de maquillaje, mis uñas limadas cuadradas, mi ipod cargado de power metal, mis libros revolucionarios, mi expresión de "creo que nunca quiero casarme" o "no sé cocinar" o "tampoco lavar " o "ni planchar"...



...y reconsidero todo lo anterior.






2 Shhhh...:

noseasloco dijo...

lei sin parar el texto sobre el moño... y es que es cierto, todo tiempo pasado fue mejor... o como dijeron por ahi, todo tiempo pasado fue anterior...

diego dijo...

no creo que todo tiempo pasado haya sido mejor, pero me parece genial que la gente no se deje influenciar por las modas de toda la vida.
eso hasta cuando veo a mi pata vestido aún con la onda grunge.